lunes, 10 de septiembre de 2018

Publicidad de Canal 2 La Plata por la TV color (1980)

sábado, 8 de septiembre de 2018

Triunfan los que creen (Miscelánea)

Érase una vez, un hombre que vivía muy cerca de un importante cruce de caminos. Todos los días a primera hora de la mañana llegaba hasta allí, donde instalaba un puesto rodante en el cual vendía pasteles que él mismo horneaba.

Era sordo, por lo tanto no escuchaba radio; no veía muy bien, entonces no leía los diarios, ni tampoco miraba televisión... pero eso si, vendía exquisitos pasteles.

Meses después alquiló un terreno, levantó un gran letrero de colores, y personalmente pregonaba su mercancía gritando a todo pulmón: "Compre deliciosos pasteles calientes". La gente compraba cada día más... aumentó la compra de insumos, alquiló un terreno más grande y mejor ubicado, y sus ventas se incrementaron día a día.

Su fama aumentaba y su trabajo era tanto que decidió buscar a su hijo, un profesional de una gran ciudad para que lo ayudara a llevar el negocio.

Al llamado del padre, su hijo respondió:
- Pero papá, ¿no escuchas la radio, ni lees los periódicos, ni ves la televisión...? Este país está atravesando una gran crisis, la situación es muy mala, no podría ser peor.

El padre pensó:
- Mi hijo trabaja en una gran ciudad, lee los periódicos y escucha la radio, tiene contactos importantes, debe saber lo que habla...

Así que revisó sus costos, compró menos pan y disminuyó la compra de cada uno de los ingredientes, y dejó de promocionar su producto. Su fama y sus ventas disminuyeron día a día... tiempo después desmontó el letrero y devolvió el terreno.

Aquella mañana llamó a su hijo y le dijo:
- Tenías razón, verdaderamente estamos atravesando una gran crisis.

La historia de la humanidad demuestra que sólo triunfan aquellos que creen poder hacerlo. Que no hay crisis, o profecía alguna que pueda con un hombre que tiene la determinación de triunfar; que si enfrentamos la noche pensando en el fracaso, amaneceremos con el temor de fracasar.

Federico

lunes, 4 de junio de 2018

Creatividad ante los problemas (Miscelánea)

Cuenta una antigua leyenda que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer.

En realidad el verdadero autor era una persona muy influyente del reino y por eso desde el primer momento se procuró un chivo expiatorio para encubrir al culpable.

El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas o nulas oportunidades de escapar al terrible veredicto... ¡la horca!

El  juez, cuidó no obstante de dar todo el aspecto de un juicio justo por ello dijo al acusado: "Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor vamos a dejar en manos de Él tu destino. Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente. Tú escogerás y será la mano de Dios la que decida tu destino".

Por supuesto el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: "CULPABLE" y la pobre víctima aún sin conocer los detalles se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria.

El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados. Éste respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse abrió los ojos y con una extraña sonrisa tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca lo engulló rápidamente.

Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon airadamente:

"¿Pero que hizo?, ¿y ahora? ¿cómo vamos a saber el veredicto?".

"Es muy sencillo, respondió el hombre. Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos lo que decía el que me tragué".

Con rezongos y enojo mal disimulado debieron liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo.

Se creativo. Cuando todo parezca perdido, usa la imaginación.
“En los momentos de crisis solo la imaginación es más importante que el conocimiento”.

Federico

domingo, 13 de mayo de 2018

Distintas formas de ver la vida (Miscelánea)

Unos obreros estaban picando piedra frente a un enorme edificio en construcción. Se acercó un visitante a uno de los obreros y le preguntó:
- ¿Qué están haciendo ustedes aquí?
El obrero lo miró con dureza y le respondió:
- ¿Acaso usted está ciego para no ver lo que hacemos? Aquí, picando piedras como esclavos por un sueldo miserable y sin el menor reconocimiento. Vea usted ese mismo cartel. Allá ponen los nombres de ingenieros, arquitectos, pero no ponen los nuestros que somos los que trabajamos duro y dejamos en la obra el pellejo.

El visitante se acercó entonces a otro obrero y le preguntó lo mismo:
- Aquí, como usted bien puede ver, picando piedra para levantar este enorme edificio. El trabajo es duro y está mal pagado, pero los tiempos son difíciles, no hay mucho trabajo y algo hay que hacer para llevar la comida a los hijos.

Se acercó el visitante a un tercer obrero y, una vez más, preguntó lo que estaba haciendo. El hombre le contestó con gran entusiasmo:
- Estamos levantando un Hospital, el más hermoso del mundo. Las generaciones futuras lo admirarán impresionados y escucharán el entrar y salir constante de las ambulancias, anunciando el auxilio de Dios para los hombres. Yo no lo veré terminado, pero quiero ser parte de esta extraordinaria aventura.

El mismo trabajo, el mismo sueldo, la misma falta de reconocimiento; una misma realidad. Tres maneras distintas de vivirla: como esclavitud; como resignación; como pasión, aventura y desafío. Piensa que el mundo es un infierno y lo será. Piensa que este mundo es parte del paraíso y lo será.

MORALEJA

Vivir con ilusión, convertir el trabajo en una fiesta, sentirnos parte de las buenas obras...
¡DE NOSOTROS DEPENDE!

Federico

martes, 27 de marzo de 2018

El perro fiel (Miscelánea)

Una pareja de jóvenes tenia varios años de casados y nunca pudieron tener hijos. Para no sentirse solos, compraron un cachorro pastor alemán y lo amaron como si fuera su propio hijo. El cachorro creció hasta convertirse en un grande y hermoso perro, y aparte de ser un compañero incondicional, muchas veces salvó a la pareja de ser atacada por ladrones. Siempre fue muy fiel; quería y defendía a sus dueños contra cualquier peligro.

Luego de siete años de tener al perro, la pareja logro tener el hijo tan ansiado y deseado. Estaban muy contentos con su nuevo hijo e, inconscientemente, disminuyeron las atenciones que tenían con el animal. Con el tiempo, el perro se sintió relegado y comenzó a sentir celos del bebé. Ya no era el perro cariñoso, fiel y juguetón que tuvieron durante siete anos.

Un día, la pareja dejó a su hijo durmiendo plácidamente en la cuna, y fueron a la terraza a preparar una carne asada. Pero cuando después de un rato se dirigieron al cuarto del bebé, vieron al perro en el pasillo con la boca ensangrentada, moviéndoles la cola.

La mujer pegó un grito desgarrador. El hombre pensó lo peor. De inmediato, sacó un arma que guardaba celosamente en el armario, y en el acto mató al perro. Pero cuando corrió al cuarto del bebé, encontró una gran serpiente degollada. El perro había salvado de la muerte a su pequeño hijo. El dueño, llorando, comenzó a exclamar: "¡He matado a mi fiel compañero!".

¿Cuántas veces hemos juzgado injustamente a las personas? Lo que es peor, las juzgamos y condenamos sin investigar a que se debe su comportamiento, cuáles son sus pensamientos y sentimientos. Muchas veces las cosas no son tan malas como parecen, sino todo lo contrario. La próxima vez que nos sintamos tentados a juzgar y condenar a alguien recordemos la historia del perro fiel, así aprenderemos a no levantar falsos testimonios contra una persona hasta el punto de dañar su imagen ante los demás.

Federico

domingo, 4 de marzo de 2018

¿Cuánto vale tu tiempo? (Miscelánea)

La noche había caído ya. Sin embargo, un pequeño hacía grandes esfuerzos para no quedarse dormido. El motivo bien valía la pena: estaba esperando que su papá regresara del trabajo. A pesar de su esfuerzo, los traviesos ojos iban cayendo pesadamente. Pero la puerta de calle finalmente se abrió.
El niño se incorporó contento, como impulsado por un resorte, y soltó la pregunta que lo tenía tan inquieto desde hacía tiempo:

- Papá ¿cuánto ganas en el trabajo por hora? - dijo con ojos muy abiertos.

Su padre entre molesto y cansado por la jornada laboral, fue muy tajante en su respuesta:

- Mira hijo, eso ni siquiera tu madre lo sabe. Por favor, no me molestes y anda a dormir que ya es tarde.

Al día siguiente, la escena se repitió:

- Por favor papá, solo dime, ¿cuántas monedas te pagan por una hora de trabajo? - reiteró suplicante el niño.

El padre se estaba retirando para su habitación, casi sin ganas de responderle a su hijo. Pero un impulso lo hizo dar vuelta y apenas abrió la boca para decir:

- Cien monedas - murmuró.

El niño se quedó pensativo un instante, y preguntó:

- Papá, ¿me podrías prestar cincuenta monedas?

El padre se enfureció, tomó al pequeño del brazo y en tono brusco le dijo:

- Así que por eso te estabas quedando levantado... querés saber cuánto gano para pedirme plata, ¿no? Andá a dormir y no me sigas fastidiando...

El niño se alejó tímidamente. Pero al meditar lo sucedido, el padre comenzó a sentirse culpable.

- Tal vez necesita algo - pensó tristemente.

Y queriendo descargar su conciencia, se asomó al cuarto de su hijo. Con voz suave le preguntó:

- ¿Dormís hijo?

- No papá - respondió entre sueños.

- Acá tenés las cincuentas monedas que me pediste - le dijo el padre.

- Gracias papá - susurró el niño mientras metía su manito debajo de la almohada de donde sacó varias monedas mas. Y mientras contaba su dinero, gritó jubiloso:

- ¡¡Ya completé!! Tengo las cien monedas, entonces papá, ¿me podrías vender una hora de tu tiempo sólo para mi?

Federico