lunes, 4 de junio de 2018

Creatividad ante los problemas (Miscelánea)

Cuenta una antigua leyenda que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer.

En realidad el verdadero autor era una persona muy influyente del reino y por eso desde el primer momento se procuró un chivo expiatorio para encubrir al culpable.

El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas o nulas oportunidades de escapar al terrible veredicto... ¡la horca!

El  juez, cuidó no obstante de dar todo el aspecto de un juicio justo por ello dijo al acusado: "Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor vamos a dejar en manos de Él tu destino. Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente. Tú escogerás y será la mano de Dios la que decida tu destino".

Por supuesto el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: "CULPABLE" y la pobre víctima aún sin conocer los detalles se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria.

El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados. Éste respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse abrió los ojos y con una extraña sonrisa tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca lo engulló rápidamente.

Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon airadamente:

"¿Pero que hizo?, ¿y ahora? ¿cómo vamos a saber el veredicto?".

"Es muy sencillo, respondió el hombre. Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos lo que decía el que me tragué".

Con rezongos y enojo mal disimulado debieron liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo.

Se creativo. Cuando todo parezca perdido, usa la imaginación.
“En los momentos de crisis solo la imaginación es más importante que el conocimiento”.

Federico

domingo, 13 de mayo de 2018

Distintas formas de ver la vida (Miscelánea)

Unos obreros estaban picando piedra frente a un enorme edificio en construcción. Se acercó un visitante a uno de los obreros y le preguntó:
- ¿Qué están haciendo ustedes aquí?
El obrero lo miró con dureza y le respondió:
- ¿Acaso usted está ciego para no ver lo que hacemos? Aquí, picando piedras como esclavos por un sueldo miserable y sin el menor reconocimiento. Vea usted ese mismo cartel. Allá ponen los nombres de ingenieros, arquitectos, pero no ponen los nuestros que somos los que trabajamos duro y dejamos en la obra el pellejo.

El visitante se acercó entonces a otro obrero y le preguntó lo mismo:
- Aquí, como usted bien puede ver, picando piedra para levantar este enorme edificio. El trabajo es duro y está mal pagado, pero los tiempos son difíciles, no hay mucho trabajo y algo hay que hacer para llevar la comida a los hijos.

Se acercó el visitante a un tercer obrero y, una vez más, preguntó lo que estaba haciendo. El hombre le contestó con gran entusiasmo:
- Estamos levantando un Hospital, el más hermoso del mundo. Las generaciones futuras lo admirarán impresionados y escucharán el entrar y salir constante de las ambulancias, anunciando el auxilio de Dios para los hombres. Yo no lo veré terminado, pero quiero ser parte de esta extraordinaria aventura.

El mismo trabajo, el mismo sueldo, la misma falta de reconocimiento; una misma realidad. Tres maneras distintas de vivirla: como esclavitud; como resignación; como pasión, aventura y desafío. Piensa que el mundo es un infierno y lo será. Piensa que este mundo es parte del paraíso y lo será.

MORALEJA

Vivir con ilusión, convertir el trabajo en una fiesta, sentirnos parte de las buenas obras...
¡DE NOSOTROS DEPENDE!

Federico

martes, 27 de marzo de 2018

El perro fiel (Miscelánea)

Una pareja de jóvenes tenia varios años de casados y nunca pudieron tener hijos. Para no sentirse solos, compraron un cachorro pastor alemán y lo amaron como si fuera su propio hijo. El cachorro creció hasta convertirse en un grande y hermoso perro, y aparte de ser un compañero incondicional, muchas veces salvó a la pareja de ser atacada por ladrones. Siempre fue muy fiel; quería y defendía a sus dueños contra cualquier peligro.

Luego de siete años de tener al perro, la pareja logro tener el hijo tan ansiado y deseado. Estaban muy contentos con su nuevo hijo e, inconscientemente, disminuyeron las atenciones que tenían con el animal. Con el tiempo, el perro se sintió relegado y comenzó a sentir celos del bebé. Ya no era el perro cariñoso, fiel y juguetón que tuvieron durante siete anos.

Un día, la pareja dejó a su hijo durmiendo plácidamente en la cuna, y fueron a la terraza a preparar una carne asada. Pero cuando después de un rato se dirigieron al cuarto del bebé, vieron al perro en el pasillo con la boca ensangrentada, moviéndoles la cola.

La mujer pegó un grito desgarrador. El hombre pensó lo peor. De inmediato, sacó un arma que guardaba celosamente en el armario, y en el acto mató al perro. Pero cuando corrió al cuarto del bebé, encontró una gran serpiente degollada. El perro había salvado de la muerte a su pequeño hijo. El dueño, llorando, comenzó a exclamar: "¡He matado a mi fiel compañero!".

¿Cuántas veces hemos juzgado injustamente a las personas? Lo que es peor, las juzgamos y condenamos sin investigar a que se debe su comportamiento, cuáles son sus pensamientos y sentimientos. Muchas veces las cosas no son tan malas como parecen, sino todo lo contrario. La próxima vez que nos sintamos tentados a juzgar y condenar a alguien recordemos la historia del perro fiel, así aprenderemos a no levantar falsos testimonios contra una persona hasta el punto de dañar su imagen ante los demás.

Federico

domingo, 4 de marzo de 2018

¿Cuánto vale tu tiempo? (Miscelánea)

La noche había caído ya. Sin embargo, un pequeño hacía grandes esfuerzos para no quedarse dormido. El motivo bien valía la pena: estaba esperando que su papá regresara del trabajo. A pesar de su esfuerzo, los traviesos ojos iban cayendo pesadamente. Pero la puerta de calle finalmente se abrió.
El niño se incorporó contento, como impulsado por un resorte, y soltó la pregunta que lo tenía tan inquieto desde hacía tiempo:

- Papá ¿cuánto ganas en el trabajo por hora? - dijo con ojos muy abiertos.

Su padre entre molesto y cansado por la jornada laboral, fue muy tajante en su respuesta:

- Mira hijo, eso ni siquiera tu madre lo sabe. Por favor, no me molestes y anda a dormir que ya es tarde.

Al día siguiente, la escena se repitió:

- Por favor papá, solo dime, ¿cuántas monedas te pagan por una hora de trabajo? - reiteró suplicante el niño.

El padre se estaba retirando para su habitación, casi sin ganas de responderle a su hijo. Pero un impulso lo hizo dar vuelta y apenas abrió la boca para decir:

- Cien monedas - murmuró.

El niño se quedó pensativo un instante, y preguntó:

- Papá, ¿me podrías prestar cincuenta monedas?

El padre se enfureció, tomó al pequeño del brazo y en tono brusco le dijo:

- Así que por eso te estabas quedando levantado... querés saber cuánto gano para pedirme plata, ¿no? Andá a dormir y no me sigas fastidiando...

El niño se alejó tímidamente. Pero al meditar lo sucedido, el padre comenzó a sentirse culpable.

- Tal vez necesita algo - pensó tristemente.

Y queriendo descargar su conciencia, se asomó al cuarto de su hijo. Con voz suave le preguntó:

- ¿Dormís hijo?

- No papá - respondió entre sueños.

- Acá tenés las cincuentas monedas que me pediste - le dijo el padre.

- Gracias papá - susurró el niño mientras metía su manito debajo de la almohada de donde sacó varias monedas mas. Y mientras contaba su dinero, gritó jubiloso:

- ¡¡Ya completé!! Tengo las cien monedas, entonces papá, ¿me podrías vender una hora de tu tiempo sólo para mi?

Federico

miércoles, 26 de julio de 2017

Los 1000 espejos (Miscelánea)

Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logró meterse por un agujero de una de las rotas puertas de dicha casa. En el centro del salón principal, vio una escalera de madera. Le llamó la atención y subió lentamente por los viejos peldaños.

Cuando llegó al primer piso, se topó con una puerta entreabierta. Con miedo pero también con curiosidad, entró en ese cuarto. Para su sorpresa, se dio cuenta que dentro de ese cuarto había 1000 perritos más observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos. El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco. Los 1000 perritos hicieron lo mismo que él. Posteriormente, sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos.

Pero se quedó sorprendido al ver que los otros 1000 perritos también sonreían y ladraban alegremente con él. Volvió a mover la cola, y los demás hicieron el mismo gesto de amistad. Cuando el perrito salió del cuarto, se quedo pensando para sí mismo: "¡Qué lugar tan agradable! ¡Cuántos perritos tan amistosos que conocí hoy! Voy a venir mas seguido a esta casa para visitarlos".

Tiempo después, otro perrito callejero entró a la misma casa, también subió por las escaleras y se topó con el mismo cuarto. Pero a diferencia del primer animal, este perrito al ver a los otros 1000 perritos del cuarto se sintió amenazado ya que lo estaban viendo de una manera agresiva.

Posteriormente empezó a gruñir y vio como los 1000 perritos le gruñían a él. Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros 1000 perritos le ladraron también a el. Cuando este perrito salió del cuarto pensó: "¡Que lugar tan horrible es este! ¡Cuántos perritos tan malos y agresivos! Nunca mas volveré a entrar en ese lugar".
En el frente de esa abandonada vivienda, se encontraba un viejo letrero que decía: "La Casa de los 1000 Espejos".

Lo que hay dentro de nosotros, es exactamente lo que reflejamos hacia los demás.

Federico

viernes, 24 de febrero de 2017

El Árbol de manzanas (Miscelánea)

Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él. Trepaba hasta el tope y se refugiaba en su sombra. Amaba al árbol y el árbol amaba al niño.

Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y el nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol. Un día el muchacho regresó y escuchó que el árbol le dijo triste: “¿Vienes a jugar conmigo?” Pero el muchacho contestó: “Ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes árboles. Ahora quiero juguetes y necesito dinero para comprarlos”. El árbol le confió: “Lo siento, pero no tengo dinero. Te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas. De esta manera obtendrás el dinero para tus juguetes”. El muchacho tomó todas las manzanas, obtuvo el dinero y el árbol volvió a ser feliz. Pero el muchacho nunca volvió y el árbol recobró su tristeza.

Tiempo después, el joven regresó y el árbol le preguntó: “¿Vienes a jugar conmigo?”. Pero le respondió: “No tengo tiempo para jugar. Debo trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos". Y el árbol le dijo: "Lo siento, pero no tengo una casa. Pero puedes cortar mis ramas y construirte una propia”. El joven cortó todas las ramas y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió y el árbol volvió a estar triste y solitario.

Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el árbol le preguntó: "¿Vienes a jugar conmigo?". Pero el hombre contestó: “Estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar”. El árbol le dijo: “Usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz”. El hombre cortó el tronco y construyó su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo.

Finalmente regresó después de muchos años y el árbol le confió: “Lo siento mucho, pero ya no tenga nada que darte, ni siquiera manzanas”. Pero el hombre replicó: “No tengo dientes para morder, ni fuerza para escalar. Ya estoy viejo”. Entonces el árbol, con lágrimas en sus ojos, le dijo: “Lo único que me queda son mis raíces muertas”. Y el hombre contestó: “Necesito solo un lugar para descansar. Estoy tan cansado después de tantos años”. Y así, el hombre se recostó en las viejas raíces, casi ya sin vida, que le ofrecía el árbol y sonrió feliz.

Esta puede ser la historia de cada uno de nosotros. El árbol son nuestros padres. Cuando somos niños, los amamos y jugamos con papá y mamá. Cuando crecemos los dejamos. Sólo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas porque, no importa lo que sea, ellos siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices. Tú puedes pensar que el muchacho es cruel contra el árbol, pero es así como nosotros tratamos a nuestros padres. Valoremos a nuestros padres mientras los tengamos a nuestro lado. Y si ya no están, que la llama de su amor viva por siempre en tu corazón y su recuerdo te dé fuerza cuando estás cansado.